http://www.monde-diplomatique.es/2004/07/ramonet.html
Esto
ocurre en Europa. La violencia que ejercen contra las mujeres sus compañeros de
sexo masculino alcanza en el continente dimensiones alucinantes. Para las
europeas de
Según los
países, entre una cuarta parte y la mitad de las mujeres son víctimas de
sevicias. En Portugal, por ejemplo, el 52,8% de las mujeres declaran haber sido
objeto de violencias por parte de su marido, amante o compañero. En Alemania,
cada cuatro días tres mujeres son asesinadas por los hombres con quienes
vivían, es decir cerca de 300 por año. En el Reino Unido cada tres días es
asesinada una mujer en las mismas circunstancias. En España, una cada cuatro
días, cerca de 100 por año. En Francia, debido a las agresiones masculinas
domésticas, mueren seis mujeres por mes, una cada cinco días, la tercera parte
de ellas apuñaladas, otra tercera parte abatidas por armas de fuego, un 20%
estranguladas y un 10% molidas a golpes hasta la muerte (1)… En el conjunto de
los quince Estados de
El perfil
del agresor no siempre responde a lo que se imagina. Por deformación ideológica
hay quienes tienden a asociar las conductas agresivas con personas poco
educadas, surgidas de medios desfavorecidos. Es un error. El drama de la actriz
Marie Trintignant, asesinada el 6 de agosto de 2003 por su compañero, un
artista célebre, es una prueba. Un informe del Consejo de Europa afirma que “la
incidencia de la violencia doméstica parece incluso incrementarse con los
ingresos y el nivel de formación”. Subraya que en Holanda “casi la mitad de los
responsables de actos de violencia contra las mujeres tienen título
universitario” (3). En Francia, según las estadísticas, el agresor es
mayormente un hombre que goza de cierto poder debido a su rango profesional. Se
destaca una alta proporción de directivos (67%), de profesionales de la salud
(25%) y de miembros de la policía o el ejército (4).
Otra idea
preconcebida consiste en creer que las violencias de género son más frecuentes
en los países machistas del sur de Europa que en los Estados del norte. Esto
también debe ser revisado. Rumania se presenta efectivamente como el país
europeo donde la violencia doméstica contra las mujeres es más grave: cada año,
12,62 por cada millón de rumanas son asesinadas por sus compañeros. Pero en la
siniestra lista de los Estados más uxoricidas, inmediatamente después de
Rumania se sitúan países donde paradójicamente los derechos de las mujeres son
más respetados, como Finlandia, donde cada año 8,65 por cada millón de finlandesas
resultan asesinadas en la intimidad del hogar, seguida de Noruega (6,58),
Luxemburgo (5,56), Dinamarca (5,42) y Suecia (4,59). Italia, España, Portugal e
Irlanda ocupan los últimos lugares.
Esto
prueba que estas violencias son el flagelo mundial mejor distribuido, que
existen en todos los países, en todos los continentes, y en todos los grupos
sociales, económicos, religiosos y culturales. Cierto que hay mujeres violentas
en sus relaciones con los hombres; no hacía falta ver las imágenes de mujeres
soldados infligiendo torturas a detenidos varones en la cárcel de Abu Ghraib,
en Irak, para saber que infortunadamente existen torturadoras de sexo femenino
(5). Cabe añadir también que las relaciones homosexuales no están exentas de
violencia. Pero en la abrumadora mayoría de los casos las principales víctimas
son mujeres.
Esta
violencia, sobre la cual las organizaciones feministas atraen desde hace mucho
tiempo la atención de los gobernantes (6), alcanza a escala planetaria un grado
de virulencia tal que es preciso considerarla como una violación primordial de
los derechos de la persona humana, además de un considerable problema de salud
pública.
Porque no
hay sólo ataques físicos, por mortíferos que sean, hay también violencias
psicológicas, amenazas e intimidaciones, y brutalidades sexuales. En muchos
casos, por otra parte, se acumulan todas las agresiones.
El hecho
de que estas violencias se ejerzan en el domicilio de la víctima siempre ha
sido un pretexto para que las autoridades se laven las manos y las califiquen
como “problemas que remiten a la esfera privada”. Esta actitud constituye una
negación colectiva de asistencia a personas en peligro. Una hipocresía
escandalosa. Todos sabemos que lo privado también es político. Y que ese tipo
de violencia es el reflejo de relaciones de poder históricamente desiguales
entre hombres y mujeres. Debidas en particular al patriarcado, sistema fundado
en la idea de una “inferioridad natural” de las mujeres y una “supremacía
biológica” de los hombres. Ese sistema es el generador de violencia. Y hay que
liquidarlo con leyes apropiadas. Hay quienes objetan que esto llevará tiempo.
Entonces, ¿por qué no empezar enseguida a instaurar, como reclaman muchas
organizaciones feministas, un tribunal internacional permanente para las
violencias que se ejercen contra las mujeres?
NOTAS:
(1) Rapport Henrion, ministerio de salud, París, febrero de 2001. Leer también
Elisabeth Kulakowska, “Violencia contra las mujeres”, Le Monde diplomatique
edición Española, julio de 2002.
(2)
Véanse los informes Mettre fin à la violence contre les femmes, un combat pour
aujourdd’hui, Amnesty International, Londres 2004; Les violences contre les
femmes en Francia. Une enquête nationale,
(3)Olga
Keltosova, Rapport à l’Assemblée parlementaire sur les violences domestiques,
Conseil de l’Europe, Estrasburgo, septiembre de 2002.
(4) Rapport Henrion, op. cit.
(5) Leer
Gisèle Halimi, “Tortionnaire, nom féminin”, Liberation, París, 18-6-2004.
(6) Ver por ejemplo el texto “La violence envers les femmes: là où l’autre monde
doit agir”, presentado por